Lisbeth Salander está preparada para la batalla final contra la única persona que, siendo idéntica a ella, es su opuesta en todo: su hermana Camilla. Pero esta vez, Lisbeth tomará la iniciativa.
Ha dejado atrás Estocolmo, lleva un nuevo peinado y se ha quitado los piercings. Podría pasar por una ejecutiva más. Pero las ejecutivas no ocultan una pistola bajo la americana, no son hackers expertas ni llevan cicatrices ni tatuajes que les recuerdan que han sobrevivido a lo imposible.
Mikael Blomkvist, por su parte, está investigando la muerte de un mendigo del que sólo se sabe que ha fallecido pronunciando el nombre del ministro de Defensa del gobierno sueco y que guardaba el número de teléfono del periodista en el bolsillo. Mikael necesitará la ayuda de Lisbeth, pero para ella el pasado es una bomba a punto de explotar.
MIS IMPRESIONES
Todas las sagas tocan a su fin en algún momento y la de Millennium
lo hace con esta sexta entrega, la tercera a cargo de David Lagercrantz, el
escritor elegido por los herederos de Larsson para dar continuidad a la serie.
Os cuento mis impresiones.
Creo que pocos asiduos al thriller y la novela negra nórdica
no han tenido la oportunidad de saborear al menos aquella primera y
desconcertante historia que daba inicio a la saga y que, tras su rotundo éxito,
fue llevada a la gran pantalla. Los hombres que no amaban a las mujeres fue
para mi una lectura y una adaptación brutal, y el tándem Lisbeth-Blomkvist de
lo mejor y más novedoso con lo que he tropezado en literatura. Le siguieron
unos cuantos más y aquí estamos para hablar del sexto.
Lisbeth Salander, nuestra hacker favorita, necesita ajustar
cuentas con su pasado, y tras los muchos detalles que conocimos de su pasado en el quinto volumen, aquí
la encontramos en Rusia, decidida a acabar de una vez por todas con su hermana Camila
y la organización criminal a la que pertenece. Para hacerlo, esta camaleónica protagonista,
se ha despojado de su imagen de chica mala y se ha transformado en una alta
ejecutiva.
En Estocolmo, Mikael Blomkvist, tras ser puesto en antecedentes por la forense encargada del caso, trata de esclarecer
la muerte de un indigente que, en lo que parecían ser ciertos desvaríos,
pronunciaba el nombre del Ministro de defensa sueco y , casualmente, llevaba en un bolsillo un
papel con el teléfono del periodista.
En esta ocasión Lisbeth y Mikael van a protagonizar sendos
hilos argumentales que avanzan de forma paralela y con cierto equilibrio entre
ambos aunque a mí, que siempre he preferido a Lisbeth, esta vez quizá su historia
me ha parecido mucho más descafeinada a pesar de estar llena de acción, y lo
que de verdad me ha tenido absolutamente atrapada ha sido la investigación de
Blomkvist, que entronca con una serie de tramas políticas y relativas a las
expediciones de alta montaña que me han parecido realmente fascinantes y, por
momentos, estremecedoras.
Del calor del verano sueco en el que se desarrolla La chica
que vivió dos veces saltaremos a la gelidez de una tormenta en el Everest.
Lisbeth tendrá que lidiar con gente peligrosa, Mikael desespera a menudo con
los silencios de la hacker, pero aun desde la distancia ayudará al periodista completar
las piezas de un puzle, que aunque en un principio se antoja difícil de
completar, encajará a la perfección.
Que Lagercrantz no es igual que Larsson lo sabemos todos los
que hemos seguido esta saga, pero de lo que no cabe duda es que el autor ha
sabido dar una continuidad más que aceptable y mantener la esencia del germen
creado por Larsson. En esta ocasión nos encontramos con una novela narrada de
forma sencilla, que sabe mantener la tensión hasta su desenlace y con un cierre
que sin resultar absolutamente fascinante cumple proporcionando puro entretenimiento
al lector.