MIS IMPRESIONES
Tras una crisis lectora que nunca llegué a pensar atravesar
y parece ir disipándose poco a poco, un regalo navideño me ha devuelto esa
dulce sensación de volar entre las páginas de un libro. El título es para
enmarcarlo, la historia para no perdérsela. Os cuento qué me ha parecido Algo
en lo que creer.
Lyle es un buen hombre. Lleva dos años jubilado y, tras más de una treintena de años trabajando en una pequeña tienda de venta y reparación de electrodomésticos, la oferta de un vecino para echarle una mano en un pequeño huerto de manzanos, le ha devuelto cierto sentido a su vida. Y no porque no se lleve bien con Peg, su mujer, con la que mantiene una excelente relación y ese cariño tan especial que se profesan quienes consiguen superar muchas adversidades juntos y convertirse en el pilar al que asirse si las fuerzas de alguno flaquean. La pareja vive en Redford, una pequeña localidad de Wisconsin, donde llevan una vida apacible, especialmente desde que su única hija, Shiloh, que es madre soltera, tras una adolescencia rebelde, ha vuelto a casa con su Isaac, su hijo de cinco años. El pequeño Isaac ha inundado de alegría el hogar de esta familia luterana, pero las prácticas religiosas de la joven se han tornado cada día más feroces, sobre todo tras su reciente relación con un pastor evangélico. Peg y Lyle deben mover muy bien los hilos si no quieren perder de nuevo a su hija.
Cuánta belleza y delicadeza encierra Butler en su narración. Es realmente deliciosa su forma de contar los hechos: de forma cadenciosa, casi como el paso de las estaciones en que se divide esta novela que abarca un periodo temporal de un año. Una historia de las de paladear y en la que el ritmo queda en un segundo plano para disfrutar de la grandeza de unos personajes realmente brutales: gente bondadosa, con vidas cotidianas, ese tipo de personas que parece en extinción, de las que se conocen desde hace tanto que son familia y que te calan tan hondo que hacen de esta una historia entrañable. A medida que te adentras en la historia más los quieres y no sabría expresar con palabras si me ha conmovido más la franqueza y las dudas de Lyle, el valor de Hoot o el cariño y tacto de Peg entre otros tantos.
El autor recrea con absoluta precisión el paisaje, las
rutinas y el ritmo de vida en un pequeño pueblecito del medio Oeste americano. Ese cultivo de manzanos y el amor por la
naturaleza que se detallan en algún capítulo me ha traído ecos de La voz de los
árboles, de Tracy Chevalier.
La amistad verdadera, la que no conoce límites y en la que
las personas se dan por entero sin ningún tipo de reservas, el amor maduro, la
superación personal, la importancia de la fe, no solo en lo que a la religión
se refiere sino en un sentido general, así como el difícil equilibrio de las
relaciones paterno filiales se dan la mano en una historia de personajes que
viven el otoño de sus vidas y que es realmente conmovedora. Ojalá pudiera
convenceros para leerla. Es una perla preciosa y, como curiosidad, está parcialmente basada en unos hechos ocurridos en Weston (Wisconsin) en 2008. Yo voy a repetir con Butler,
voy a repetir con todo lo que encuentre de él.

