FICHA DEL LIBRO
MIS IMPRESIONES
Un nombre de guerrero es un relato autobiográfico que nos plantea la encrucijada que tiene que enfrentar
una pareja que, con un hijo de apenas tres años, decide
que ha llegado el momento de aumentar la familia. Un proyecto que comienza
con mucha ilusión, y que ya de antemano intuimos no va a estar exento de
complicaciones.
Aunque tenemos un escenario, Sudáfrica,
y la autora da las pinceladas necesarias sobre el contexto familiar, laboral y
social en el que se desarrollan los hechos, no cabe duda de que el eje
central de la historia tiene un marcado carácter intimista. Todo lo demás
es accesorio. Y esta es una historia de emociones a flor de piel que me
ha sorprendido muy gratamente porque, no nos engañemos, se trata de
una autopublicación, creo además que la primera de la autora. Y una cosa es ser
el epicentro de una historia, y otra muy diferente saber contarla como se merece. A mí me ha emocionado hasta las lágrimas; no porque me toque de
cerca el tema, ni siquiera tangencialmente, simplemente está contada desde el
corazón y llega justo ahí.
Narrado en primera persona,
la propia protagonista echa la vista atrás para contarnos su periplo a través
de un relato conciso, muy íntimo, lleno de calidez, ternura, amor y
dolor. Aquí pesan las emociones, sobre todo las de Laura, como ella misma
nos dice; aunque Javier está, y es uno de esos hombres que a cualquier chica le
gustaría tener a su lado. Pero lo que pesa es ese torbellino de emociones
encontradas que bullen dentro de Laura, una culpa infundada, sus dudas
infinitas o esas preguntas sin respuesta que no le dan tregua y, hora sí hora
no, la desestabilizan y la ponen contra las cuerdas en un intento de encontrar
la menos mala de las soluciones, si es que hay alguna que pueda serlo, en esa
cuenta atrás hasta llegar a la semana veintidós. Ella es generosa al hablar de mi
empatía, que la hubo, pero son sus letras las que logran traspasar el papel y
empaparnos de su inmenso dolor. Da igual quien transite las páginas de este
libro, no hay que ser madre, ni haberlo intentado para ponerse en su
piel y sentir su desolación.
Y ya os imagino a todos comentando que
no estoy yo en estos momentos como para historias de estas, que si la pandemia
y las penas, y tal y cual, pero os puedo asegurar que, a pesar del
trance doloroso que aquí se narra, es un relato lleno de belleza, de
sensibilidad, de amor, de valentía, incluso de esperanza en momentos de
desconsuelo que te lees de una sentada. Os invito a que le deis una
oportunidad, no os defraudará.


