La pareja de policías, Franck Sharko y Lucie Hennebelle, está en apuros: ella, fuera de todo procedimiento legal, ha allanado una propiedad privada en las afueras de París y ha asesinado al hombre
que investigaba, Julien Ramírez. Ha sido en defensa propia, pero si confiesa lo ocurrido irá a la cárcel, y Sharko no piensa permitirlo. En el curso de la investigación, descubrirán que tras Ramírez hay una secta vampírica que comete las atrocidades más perversas.
Tras hallar trece cadáveres a los que han extraído hasta la última gota de sangre, y soportando la angustia de que sus compañeros puedan descubrir lo que hicieron, Lucie y Sharko se enfrentarán a una enfermedad desconocida que la secta vampírica propaga deliberadamente.
MIS IMPRESIONES
Que un escritor sea capaz de escribir una serie que siga
dejando al lector estupefacto con su octava entrega dice mucho de él. Thilliez
me ha vuelto a sorprender con la que diría es su mejor novela: Sharko.
Siguiendo la pista de una investigación privada que estaba
llevando su tío Anatole antes de morir, Lucie decide adentrarse por su cuenta y
riesgo en la vivienda de un individuo sospechoso de secuestro. El sótano Julien
Ramírez no solo la deja atónita sino que Lucie es sorprendida por el mismo, y
tras un duro forcejeo acaba con su vida. Consciente de su situación: del
allanamiento que acaba de cometer y los cargos que recaerán sobre ella… decide
llamar a Sharko y, sabiéndose contra las cuerdas, juntos urden un plan, alterando la escena del crimen, con la intuición de que será el
equipo del 36 el encargado de la investigación.
Tal y como pensaban a la mañana siguiente el caso llega al
36 del Quai des Orfèvres y allí se desplazará el equipo para intentar dilucidar
quien mató a Julien Ramírez y por qué. Un dato que, por supuesto, Sharko y
Lucie conocen de antemano y les llevará a vivir las horas más tensas de toda su
carrera policial. Y es que además de correr el riesgo de ser descubiertos,
moralmente se sienten mal al manipular la investigación de sus compañeros. Sin
embargo, el caso va a dar mucho de sí ya que la víctima no era un alma cándida
y tras su rastro parece haber un grupo extremista, que a través de unas
curiosas prácticas relacionadas con la sangre está cometiendo una serie de
asesinatos salvajes y absolutamente inhumanos.
Como en cada nueva entrega de Thilliez, cierta parte de la
trama tiene tintes científicos y esta no iba a ser una excepción. En este caso,
todo lo que rodea esa sangre nos va llevar a conocer una historia que me han
resultado absolutamente fascinante: su forma de abordarlo, el desarrollo y cómo
resuelve de forma impecabe. Y es que parece mentira como enreda este hombre y
la cantidad de información que pone sobre
el mantel para hilo a hilo ir llevando cada cosa a su sitio y dejar
atados todos los cabos con la coherencia más absoluta.
Como ya podréis imaginar, he disfrutado al máximo de esta
historia. El autor sigue fiel a su estilo con una prosa sencilla, una lectura
ágil y una tensión límite que se mantiene a lo largo de sus casi seiscientas páginas, que han durado en
mis manos poco más de dos días. Y aunque suene manido, la lectura te engulle de
tal forma que no consigues pensar más que en avanzar, saber un poquito más,
encajar algunas piezas, pero ni en tus sueños más optimistas logras intuir por
donde te va a llevar finalmente la historia. Tatuadores, sectas, bioarte,
asesinatos y experimentos atroces serán algunos de los ingredientes que vamos a
encontrar en el que no dudo en calificar como uno de los thrillers del verano.
Aunque uno no quiera, después de un montón de entregas y a
fuerza de conocere a ciertos personajes, es imposible no tomarles cariño. En
esta ocasión Thilliez pone a Sharko y a Lucie al límite y esa desazón y tensión
por la que van a pasar los protagonistas acaba implicando al lector que, aun
consciente de sus actos, no desea que los descubran, porque en realidad Lucie disparó
en defensa propia y se siente mal por ocultar información a sus compañeros, por
dejarlos dar palos de ciego, pero ha de ser fuerte por su familia. Se aferrará
a su timón: Sharko, que tendrá que ser muy fuerte. Su inconsciencia acabaría
con su proyecto de familia y eso no lo va a permitir. Ellos van a acaparar gran
parte del protagonismo junto con Nicolas Bellangher, que tampoco está pasando
por su mejor momento. Lo sucedido en la anterior entrega le ha dejado deshecho
y aunque parece haber perdido el rumbo sigue demostrando ser uno de los mejores
activos del equipo.
Apostar por Thilliez es apostar sobre seguro y una vez más vuelve a demostrar que pocos como él son capaces de tensar tanto la cuerda con temas tan diversos e interesantes.

