
Acercarme a Piñeiro era un objetivo que llevaba algún tiempo rondando por mi mente. Una suerte pequeña era mi primera elección. Al final pasa lo de siempre: la avalancha de novedades va relegando a un segundo plano los propósitos. Y ahí estaba yo hasta que vi que se iba a estrenar en cine la adaptación cinematográfica de Las grietas de Jara. Con este motivo la editorial Alfaguara, dentro de su colección Hispánica, ha reeditado esta novela que se publicó originalmente en 2009. Y por fin conocí a Piñeiro aunque esta vez no haya sido lo que esperaba.
MIS IMPRESIONES
Buenos Aires. 2007. Pablo Simó trabaja en el estudio de arquitectura Borla y asociados desde hace veinte años, los mismos que lleva casado con Laura. Y aunque no deja de soñar con la construcción de la torre de sus sueños, se siente menospreciado por su jefe y sus días en el trabajo transcurren sin pena ni gloria, no tiene los arrestos suficientes para tomar cartas en el asunto y decidirse a dar un giro a su vida.
Pablo Simó dibuja en su tablero el perfil de un edificio que nunca existirá. Como condenado a soñar con el mismo sueño cada noche, desde hace años repite ese boceto: el de una torre de once pisos que mira al Norte. Guarda en una carpeta la serie de dibujos idénticos, no sabe cuántos son, perdió la cuenta hace tiempo; más de cien, menos de mil. No los numera, pero los firma, arquitecto Pablo Simó, y les pone fecha. Para saber qué día dibujó el primer boceto debería buscarlo y fijarse en el pie, pero no lo hace; el último lleva la fecha de ese día: 15 de marzo de 2007...Pablo sabe que si contara uno por uno los ladrillos que dibuja a mano alzada sobre la fachada se encontraría en cada boceto con idéntica cantidad. Por eso no los cuenta, porque le da miedo que sea así y comprobar que el dibujo no lo repite él sino que le es inevitable.
Un buen día, mientras están en el estudio Pablo, su jefe y una compañera, se presenta una joven preguntando dónde está Nelson Jara, un hombre al que está buscando y sobre cuyo paradero la chica cree que puede encontrar alguna pista allí. La visita termina rápido y ninguno de los tres parece saber nada de este señor. Lo bueno comienza cuando, tras salir por la puerta comentan entre ellos que deben mantenerse firmes en su silencio y nadie, bajo ningún concepto, puede saber que Jara está a varios metros bajo tierra entre el forjado del edificio en el que se encuentra su oficina.
La autora inicia así una novela que rápidamente capta la atención del lector y en la que se alternarán dos hilos argumentales que contrastan entre sí. En el primero de ellos trataremos de saber qué ocurrió para que Jara, el vecino de un piso colindante con el edificio donde se ubica el estudio de arquitectura y en cuya vivienda habían aparecido unas grietas, acabara bajo tierra y qué implicación tienen Simó, Borla y Marta en lo sucedido. En un segundo hilo, mucho más intimista, iremos conociendo otras grietas, las de la vida de Simó, un hombre al que sus conocimientos de arquitectura no le han impedido tener los pilares de su vida resquebrajados: en lo profesional, es incapaz de dar un paso e independizarse. Otro tanto le ocurre en el terreno personal, manteniendo la fachada de un matrimonio que hace aguas por doquier.
El prometedor comienzo de la novela, en el que parecía intuirse un thriller, da paso a un ritmo irregular con ciertas repeticiones que han provocado que la lectura no haya sido tan buena como esperaba. No obstante, es justo reconocer que Piñeiro ha sabido guardarse un as en la manga y da un golpe de efecto final tan desconcertante que me ha dejado atónita. Y riendo. Algo que sí me ha gustado mucho es el buen trazado de los personajes; en especial, la forma en que la autora profundiza en las fisuras de un matrimonio y esa crisis a que se enfrenta un hombre maduro que, haciendo balance de su vida, se da cuenta que sus sueños están cada vez más lejos y entra en esa edad frontera en la que empieza a convertirse en ser invisible.
Dos son las piedras angulares de una historia narrada de forma sencilla en la que encontramos ciertas dosis de ironía: de una parte Pablo Simó, que a su vez será el nexo de unión entre las dos tramas y la persona que mejor conozcamos, tanto en su faceta personal como profesional y, de otra, el propio Nelson Jara, un hombre cuya historia se irá desvelando a través de los recuerdos del propio Pablo y que nos mantendrá en suspenso hasta las últimas páginas.
Piñeiro plantea en Las grietas de Jara un misterio por resolver que llevará al lector a un intenso viaje por la arquitectura emocional de su protagonista. Fisuras conyugales, crisis de la mediana edad, problemas de la adolescencia o la dificultad de las pequeñas empresas de abrirse camino frente al monopolio de los gigantes serán algunos de los temas centrales de una historia que nos deja una reflexión sobre la mesa: ¿hasta donde seríamos capaces de llegar para protegernos?
