Una sociedad a punto de cambiar para siempre
Jerez de la Frontera, años treinta: Beltrán de la Cueva, carismático y ambicioso, heredero de una de las sagas bodegueras más importantes de la ciudad está comprometido con una joven de su clase. Pero en su camino se interpone una pasión inesperada: la que siente por la bellísima Lele Gavilán, una de sus empleadas.
El destino siempre tiene la última palabra
Lo que podría ser la historia banal del aristócrata que seduce a la joven inocente tiene una deriva que dejará sin aliento al lector: el curso de los acontecimientos dará un giro extraordinario, movido por el viento de la historia y sus dramáticas circunstancias pero, sobre todo, por causa del carácter indomable de Lele.
Un Downton Abbey a la española.
MIS IMPRESIONES
Una portada de esas que se te quedan en la retina me hizo
interesarme por esta novela que lleva durmiendo el sueño de los justos en mi
estante un par de años. Tantas reseñas entusiastas no podían coincidir e intuía
que me gustaría: novela ambientada en tierras andaluzas, con una bodega como
escenario…eso era para mí como miel para las moscas. Pese a todo, los que
pasáis con cierta asiduidad por esta casa sabéis que servidora no es de novelas
rositas, sí con cierto componente romántico, pero sin demasiados edulcorantes y
temía un poco. Os cuento mis impresiones finales.
Año 1929. Conocemos a Beltrán de la Cueva, un niño bien
jerezano y único heredero de las conocidas bodegas Beamont, con casi un siglo
de historia, cuando estudia derecho en Madrid. Mientras él vive la vida sin
hacerle ascos a nada, su padre le amaña un matrimonio con Sonsoles Domeq, una
bellísima joven, hija de una larga estirpe de bodegueros, con cuyo enlace ambas
familias reforzarán su posición empresarial. Todo se complicará de manera
repentina cuando, tras el inesperado fallecimiento del padre de Beltrán, este
tenga que asumir las riendas del negocio y Lele Gavilán se cruce en su vida.
Porque Lele no es mujer para Beltrán, es una chica de clase humilde, y pese a
ello, la belleza de la joven, su desparpajo y ese cascabel de alegría que
parece emanar de ella harán que la cabeza de Beltrán no descanse hasta
conseguirla.
Aunque todo esto, a priori, pueda parecer un argumento un
tanto manido, señorito conquista a chica de clase humilde, la novela va adquiriendo
un tinte de lo más interesante a medida que nos adentramos en una trama que,
además de contar con una magnífica ambientación capaz de trasladarnos en el
tiempo a una España en la que la situación político social empieza a
resquebrajarse tras la dimisión de Primo de Rivera y la llegada de la República, inserta un giro tan brutal y efectivo, que nos pega a sus páginas en un viaje que recorrerá diez terribles años de la historia de nuestro país.
Impecable el fresco que realiza Cosano de la sociedad
jerezana de la época, de ese contraste entre la alta burguesía y las clases más
desfavorecidas, abocadas siempre a vidas de explotación sin posibilidad alguna
de mejora. Conoceremos del funcionamiento de las bodegas, del importante papel que
jugaron los bodegueros en la financiación de ciertos partidos, de las primeras huelgas
por los derechos de los trabajadores y cómo eso va generando momentos de una
tensión que se incendiará con las luchas sindicales y terminará desembocando en
la Guerra Civil.
Aunque hay un elenco variado de personajes, son Beltrán y
Lele los que llevan el peso de la historia. Él es uno de esos tipos de rompe y
rasga: altísimo, con una preciosa melena rubia, unos ojazos verdes que
encandilan y un magnetismo irresistible. Y en eso se le van los días,
encandilando a toda la que se le cruza, en la capital o en Jerez, hasta que
Lele aparece en su camino. Y a mí, la verdad sea dicha, no es que me haya caído tan bien, que por muy guapo y señorito que sea uno cierta licencias están de sobra, aunque eso sí, fiel a típico chico de clase alta de la época es. Pero eso es otro cantar. Lele sí que es un personaje con garra, una auténtica jabata, además, muy
alejada de estereotipos, y solo alguien tan auténtico como ella era capaz de dar
semejante giro a la historia.
La fuente de oro me ha resultado una novela preciosa, y es que además de todo lo que os he contado sobre ella, está
narrada con una prosa elegante y embriagadora, casi tanto como el delicioso caldo
que se cultiva en las bodegas Beamount. Os la recomiendo.