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El collado de la marquesita - Miguel de León

12/5/16


El collado de la marquesita
Miguel de León 
Editorial: Plaza & Janés
Páginas: 42
Precio: 0,99 euros

Sinopsis

En un pueblo imaginario al norte de la isla de Tenerife, en una casa emblemática para los habitantes, aparecieron hace más de veinte años el cadáver de un hombre y de su hija. Él es el heredero del título de marqués que da nombre al lugar. No es rico sin llegar a ser pobre. Todo apunta a que, atormentado por la reciente separación de su mujer, mató a la niña y se suicidó.

Los cadáveres están enterrados en la cripta familiar, en la propia casa, donde acude la madre de la niña cada domingo para visitar la tumba de su hija. 

Damián, el vigilante de la casa, descubre un día una misteriosa mancha en la losa sobre la cripta, que recuerda mucho a un dibujo que había hecho la niña en vida y trata de limpiarla, sin conseguirlo, porque reaparece con más fuerza. El misterio no se desvelará hasta el día en que Damián encuentra algo que debe entregar a la madre de la niña. 

¿Cúal es ese misterio? ¿Qué significa la mancha imborrable en la losa? Y, sobre todo, ¿qué oscuro relato esconden las muertes del padre y la hija?


Miguel de León nació a finales de 1956 en La Laguna, Tenerife. Se crio en el seno de una familia muy humilde, en Valle de Guerra, una zona rural del municipio de La Laguna, a cuya ciudad se trasladó a vivir con diez años, cuando comenzó la enseñanza secundaria. Mayor de seis hermanos, tuvo que ayudar desde niño a sacar a los pequeños adelante. Repartió periódicos, trabajó en una procuraduría y fue aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba el bachiller con los adultos del turno de noche. Con quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuvo que desistir de la asistencia a las clases. Fue peón albañil, freganchín y pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina y foto montador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora hasta el ingreso en

el servicio militar. A su término, fue vigilante jurado y se hizo programador informático estudiando por su cuenta. Trabajó como programador y analista informático y fue gestor comercial en una importante empresa nacional de la que salió en 1991 para establecer una pequeña empresa de la que ha vivido hasta hoy.

Mis impresiones

Aunque no soy muy amiga de los relatos, éste que hoy os presento viene de la mano de alguien que supone para mi una garantía, el propio Miguel de León. Recientemente, leí Los amores perdidos y quedé tan prendada de la prosa del autor que, apenas tuve ocasión de cruzar con él unas palabras, se lo hice saber. Imaginaos mi sorpresa cuando me dijo que tenía algo más publicado y me lo hizo llegar. Sabiendo que sólo constaba de cuarenta y dos páginas, no dudé en ponerme con él y vengo a reafirmarme en la valía de su pluma.

El Collado de la marquesita nos traslada hasta un pueblo imaginario de Tenerife. Allí conocemos a Damián, el casero de una de las mejores propiedades de la zona, El Collado de la marquesita.

Existe una leyenda sobre una niña que deambula por la carretera de la zona y protege a los conductores. No obstante, Damián no es muy amigo de leyendas. Él siempre fue muy práctico. Era mecánico, pero el azar quiso que un buen día tropezara con el marqués y desde entonces sus vidas quedaron unidas. Han pasado muchos años desde aquello y sólo espera pasar el resto de sus días en aquel entorno, haciéndose cargo del mantenimiento de la propiedad como viene haciendo desde antaño.



Un buen día, mientras Damián realiza las tareas de limpieza de la cripta familiar, detecta una mancha curiosa que le hace recordar a la hija del marqués, una pequeña que falleció hace más de veinte años, cuando sólo contaba con cinco años. Su padre, incapaz de hacer frente a una ruptura sentimental, decidió quitarse la vida y llevarse consigo a su hija. Aquello destrozó a la familia pero existen muchos interrogantes sobre lo que realmente ocurrió.

Hay plumas que tienen esa capacidad de abstraernos y arrastrarnos a vivir las historias que nos cuentan. La de Miguel de León es una de ellas. Este relato, me ha durado un viaje en tren hacia el trabajo y una pequeña parte del tiempo del desayuno. Cuarenta y dos páginas pueden parecer pocas. Yo misma habría dicho que no se pueden perfilar bien los personajes, de hecho siempre lo digo, que con los relatos me falta algo, me dan la sensación de historias incompletas. Sin embargo, ahí estaba yo con Damián, recordando la historia del
marqués y esa pequeña tan dulce y... las lágrimas luchando por salir. El camarero, al que conozco, se acercaba con el bocadillo y yo, con los ojos brillantitos, tratando de aguantar aquello. Para que no se diera cuenta me puse a mirar hacia abajo hasta que una lágrima cayó en el café y él me preguntó: ¿te encuentras bien?

La narración, en tercera persona y centrada en los recuerdos de Damián, nos irá desgranando los detalles de la gran tragedia que sobrevino a la familia del marqués y cuyo misterio, aún después de veintisiete años, sigue sin resolver.

En resumen, no sé qué más deciros, de hecho creo que lo mejor es no decir nada más. Miguel de León me ha vuelto a emocionar con la calidez de sus letras. Son pocos los personajes que encontraremos en la historia pero, de cada uno de ellos, un pedacito se quedará contigo. Además son poquísimas páginas y, a algunos a los que ya os conozco un poco más, sé definitivamente que os gustaría muchísimo. Su precio, irrisorio. Yo no me la perdería.

Valoración: 9/10




Los amores perdidos - Miguel de León

20/4/16

megustaleer - Los amores perdidos - Miguel de León

Los amores perdidos
Miguel de León
Editorial: Plaza y Janés
Páginas: 608 
Precio: 18,90 euros

Sinopsis

Los amores perdidos es la historia de los jóvenes Arturo Quíner y Alejandra Minéo, de su relación imposible y de lo que tuvieron que sacrificar por ella. Y de dos familias, los Quíner y los Bernal, enemigas eternas. Y es también la historia de un pueblo canario, El Terrero, de héroes anónimos y caciques ambiciosos, donde las pasiones son arrebatadas, los secretos se desvelan entre susurros y las venganzas se cobran con sangre.

Los amores perdidos es el poderío de Dolores Bernal, la matriarca despótica que controla el pueblo con mano de hierro; la bondad de Alfonso Santos, el honorable y firme médico que conoce el punto débil de todos sus vecinos; el valor de Rita Cortés, la chica rebelde y excesiva, que huye a la Península para encontrar algo muy diferente a lo que esperaba; o la tenacidad de Ismael Quíner, el noble enamorado que lo ofrecerá todo por la supervivencia de su estirpe.

Los amores perdidos es un épico y colosal tapiz tejido con estas y otras muchas historias, que afectarán a la pasión de Arturo y Alejandra a lo largo de los años y que les llevará del Terrero a Nueva York, del enamoramiento al desencanto, de la separación al reencuentro para finalmente enfrentarse a un destino incierto.


Miguel de León nació a finales de 1956 en La Laguna, Tenerife. Se crio en el seno de una familia muy humilde, en Valle de Guerra, una zona rural del municipio de La Laguna, a cuya ciudad se trasladó a vivir con diez años, cuando comenzó la enseñanza secundaria. Mayor de seis hermanos, tuvo que ayudar desde niño a sacar a los pequeños adelante. Repartió periódicos, trabajó en una procuraduría y fue aprendiz administrativo en unas oficinas mientras estudiaba el bachiller con los adultos del turno de noche. Con quince años, sin haber terminado del todo el último curso de bachillerato, tuvo que desistir de la asistencia a las clases. Fue peón albañil, freganchín y pinche de cocina, camarero, ferrallista, operador de guillotina y foto montador en una litografía y, por último, administrativo en una empresa importadora, hasta el 

ingreso en el servicio militar. A su término, fue vigilante jurado y se hizo programador informático estudiando por su cuenta. Trabajó como programador y analista informático y fue gestor comercial en una importante empresa nacional de la que salió en 1991 para establecer una pequeña empresa de la que ha vivido hasta hoy.

Mis impresiones

Que las portadas de los libros son capaces de arrastrarnos a una lectura es algo que cualquiera de vosotros es capaz de comprender perfectamente. Si además, el resultado te deja sin palabras, nos encontramos ante un regalo perfecto.  Eso es lo que me ha ocurrido con Los amores perdidos. 

Probablemente ésta sea una de las reseñas más complicadas que tenga que hacer y es que son tantas las emociones que ha despertado en mi su lectura, que creo que me resultará complicado plasmar en unas líneas todo lo que me ha hecho sentir. Por resumirlo de alguna forma, os diré que cuando llevaba ciento treinta páginas leídas las lágrimas me caían sin remedio. A pesar de ello, no considero que ésta sea una novela lacrimógena, aunque, sí es cierto que, son tantos los sentimientos que transmite y tantas las injusticias que plasma  que es imposible no dejarse arrastrar.

Los amores perdidos es una novela coral en la que se abordan temas muy diferentes. Por encima de todos ellos está la historia de amor de Arturo Quíner y Alejandra Mineo, una historia como no he conocido otra igual, pero también es la historia de un pueblo, El Terrero, y de una época, la posguerra, y de dos clases de personas: aquellas que no contaban con nada más que su palabra, pero que eran intachables, y aquellos otros que, amparados en su poder, avasallaban y extorsionaban a todos cuantos se interponían en su camino, incluso por puro capricho. Y, junto a éstos últimos, los que se encargaban de silenciar todas sus tropelías a costa del sufrimiento de los más débiles.


...cuando concluyó la guerra ocupaba ya un cargo local de cierta importancia a partir del cual Dolores amplió las fronteras de su reino del terror. Controlaba el estraperlo, se apoderaba de propiedades, esclavizaba a los sumisos, aterrorizaba a los díscolos, dirigía al párroco, ponía y quitaba al alcalde, daba órdenes en el cuartelillo de la Guardia Civil y, en definitiva, detentaba todo el poder en la comarca

Me ha cautivado ese retrato de la España de posguerra en un lugar alejado de todo como es El Terrero; ese pueblo lleno de gente honesta, que no ha conocido otra forma de vida más que una de mucho sacrificio para sacar a sus familias adelante, pero que pese a todo ese esfuerzo, hace gala de una generosidad inmensa con todos sus vecinos; gente valiente, que vive con mucho miedo porque tiene mucho que perder, pero que no deja de luchar por un futuro mejor.

Tras consultar con el autor unas dudas que me surgieron con la lectura, Miguel me aclaró que había querido llamar El Terrero a este lugar ficticio haciendo un guiño a los canarios, porque para ellos "el terrero" es el campo en el que se practica la lucha canaria y una gran lucha es la que se mantiene en esta localidad. 

Conoceremos a Arturo Quíner, en el presente, cuando recibe una carta de su esposa, que se encuentra en Nueva York, en la que le solicita el divorcio. La noticia produce en él un profundo dolor. Parece ser algo esperado para él, pero no por ello puede dejar de sentirse muy mal. A partir de aquí, da comienzo una historia que nos traslada muchos años atrás al Terrero, para contarnos el por qué de ese enfrentamiento que existe entre dos familias: los Bernal y los Quíner

Es ésta una historia en la que ninguno de sus personajes nos resulta indiferente. Arturo Quíner, se ha convertido para mí en un superhombre, una persona afable, justa, íntegra, generosa y con una forma de amar que bien podría plasmarse en un manual. Junto a él, Alejandra Minéo encarna la inocencia, la dulzura, la fuerza, el tesón y una madurez que sorprende por lo impropio de su edad. Rita Cortés es otro de los personajes que capta nuestra atención con su gran valentía y la forma de defender sus ideales en la época. Francisco Minéo ha conseguido conmoverme con esa su amor tan sufrido. Alfonso Santos, es ese médico rural cuyas visitan van mucho más allá de atender las dolencias de sus pacientes. 

La novela está estructurada en tres partes: La primera parte, abarca los trece primeros capítulos y que podríamos considerarla introductoria, nos sitúa en el lugar y en la época y nos presenta a los personajes que va a tener el protagonismo de la historia. En la segunda parte, que abarca del capítulo 14 al 26 es donde se va a desarrollar la historia a amor entre nuestros protagonistas Alejandra Minéo y Arturo Quíner. Por último, la tercera parte abarca del capítulo 27 al 37 en la que llegaremos al ansiado desenlace. 

El sello que imprime el autor a la novela es muy personal. No recuerdo haber leído nada similar. Así a bote pronto, os diría que es una historia ideal para leer a otra persona porque es casi una melodía. La novela es ágil pero no tiene un gran ritmo, más bien es para leer con calma, sin prisas, disfrutando de esa prosa cálida, cuidada y poética con que nos deleita el autor. A pesar de todo, es tanto el interés que despierta la trama que se te pega a las manos y no la puedes soltar.

Aunque el escenario principal de la historia es una localidad ficticia en las Islas Canarias, El Terrero, también Madrid y Nueva York tendrán un importante protagonismo en la novela. 

En definitiva, Los amores perdidos es una novela que recomiendo sin dudar porque es una historia contada con un sentimiento tan profundo que traspasa las páginas, salpica al lector sin remedio y lo arrastra a vivir ese torbellino de injusticias, secretos y pasiones con que nos deleita Miguel de León. El autor ha tardado en traernos su primera novela, pero ha entrado en el panorama literario español por la puerta grande.

A los que en cierta medida coincidís con mis gustos literarios, decir que la historia es preciosa sería decir muy poco de ella, os invito a degustarla, no os arrepentiréis.

Valoración: 9,5/10

Gracias a la editorial por el envío del ejemplar
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